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LA PIPA Y LA SALUD
El doctor oncólogo Ricardo Cubedo analiza, en un magnífico y actualizado artículo, los riesgos de fumar en pipa.
 

 

Si es usted un furibundo/a anti-tabaco, por favor, salga inmediatamente de esta página.

Si es usted una persona tolerante, aunque no sea fumador, sea bienvenido.

 

Los contenidos de esta página no están autorizados a menores.

Por favor, salga de la página si no ha cumplido 18 años.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El hecho es que, en el momento en el que un hombre toma una pipa se convierte en filosofo. Es amigo del pobre; calma su mente, suaviza su temperamento y hace al hombre paciente ante las dificultades. Ha hecho más hombres buenos, esposos buenos, maestros amables, padres indulgentes que cualquier otra cosa bendita en esta tierra universal.

Sam Slick

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Hay un millón de formas de fumar en pipa. Todas ellas correctas.

Steve Masticola

  

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El mundo de la pipa está lleno de sorpresas placenteras. Para muchos, es un mundo lejano, desconocido, casi inaprensible. Hay quien no se atreve a penetrar en él, quien lo hace tímidamente, se adentra unos pasos y desiste aterrado por los primeros obstáculos, aunque intuye que, más adentro, hay algo que le atrae. Hay quien sigue adelante y a cada paso va descubriendo, uno a uno, los secretos de la pipa.

La mayoría de los fumadores de pipa comenzamos fumando cigarrillos. Muchos intentamos fumar en pipa, pero tuvimos que dejarlo porque, simplemente, "no sabíamos".

Al contrario que el cigarrillo, la pipa requiere un aprendizaje. Si no encuentras a algún fumador experto que te aconseje, que te enseñe a cargar la pipa, a mantenerla encendida, que te instruya sobre tipos de tabaco, etc., la empresa está condenada al fracaso. Por eso, mucha gente ha comenzado en algún momento a fumar en pipa, pero tuvo que dejarlo al poco tiempo y regresó a los cigarrillos, al consumo fácil y precipitado de humo y nicotina.

La pipa ha de fumarse con parsimonia, lentamente. Las prisas, el ajetreo, no nos dejarán disfrutar de la fumada. Para eso ya están los cigarrillos. Nuestro sillón favorito, una buena música, quizás una bebida, contribuirán a que el placer de la fumada sea aún mayor.

Fumar en pipa es una ceremonia. El pipador sumido en el éxtasis de la fumada dejará volar su imaginación y podrá encontrar soluciones a buen número de sus problemas.

Dicen que el humo de la pipa relaja al fumador. Parece que no es el humo, puesto que el ácido nicotínico es estimulante, no tranquilizante. Lo que relaja, lo que apacigua los ánimos es el acto mismo de fumar. Recordemos a los indígenas americanos, acostumbrados a fumar la "pipa de la paz". La pipa nos apacigua, nos tranquiliza, disminuye el estrés de la vida cotidiana y, a la larga, mejora nuestra salud y bienestar.

La pipa es el mejor modo de fumar. El más bonito, sano, natural, inteligente, auténtico, sencillo modo de fumar. Interrogáis a un fumador de pipa y este os confirmará que fumar en pipa es una de las costumbres más deliciosas y elegantes de la vida, fumar en pipa no solo es manantial de máximo placer, se prolonga hasta ser arte.

A menudo, el pipador se convierte en coleccionista de pipas. Año a año, mes a mes, día a día, ve como su "harén" aumenta. Todas las formas, los colores, de brezo, de espuma de mar, rectas, curvas, de paseo, de lectura.... Todas son hermosas, llegan a ser nuestras amigas, nuestras amantes.

La pipa, como el dinero, no da la felicidad, pero ayuda a conseguirla


 

Mi primera pipa

Me pide el amigo 古仁德, desde la pavorosa lejanía de la China ancestral y milenaria, que le cuente cómo fue mi primera pipa. Y es tan perentoria su llamada, tan desgarrada y urgente su súplica (sepa usted que yo espero su relato, yo NECESITO saber de su entrada al mundo de la pipa, por favor, concédamelo), que sería yo el más desalmado de los hombres si no accediera a su ruego.

    Lee el relato aqui

Un buen libro, el fuego en la chimenea, tu pipa y tu tabaco favorito...

El mundo se divide hoy en fumadores y no-fumadores. Es verdad que los fumadores a veces incomodan a los no-fumadores, pero dan una incomodidad física, mientras que la incomodidad que los no-fumadores dan a los fumadores es espiritual. Sin embargo, admitiéndose que los no-fumadores tengan una superioridad moral y algo de lo que sentirse orgullosos, ellos no entienden que se han perdido uno de los placeres más grandes de la humanidad. ¡Estoy listo a admitir que fumar sea una debilidad moral, pero, por otra parte, lejos de los hombres que no tienen debilidades! No son dignos de confianza.

Lin Yutang, La importancia de vivir, 1937

¿Quieres aprender a fumar en pipa?

Fumar en pipa no es fácil. Requiere un aprendizaje. Hay quien tiene la suerte de contar con un amigo que fuma en pipa, pero la mayoría comienzan a fumar por su cuenta y, al cabo de un tiempo, desisten porque no consiguen una fumada placentera.

Si en tu ciudad existe un club de fumadores de pipa, visítalo. En caso contrario, internet te ofrece la posibilidad de acercarte a los fumadores de otras ciudades, incluso de otros países. Sólo hay que buscar.

Las mejores opciones:

Barcelona Pipa Club, Virtual Pipa Club      http://www.bpipaclub.com/

Consejos y trucos sobre la técnica de fumar en pipa  http://www.bpipaclub.com/princip.htm

Foro de discusión sobre la pipa

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Lo imprescindible
Esto es todo lo necesario para empezar a fumar en pipa.
  • Una pipa
  • Tabaco
  • Encendedor o fósforos
  • Un atacador o trío (para compactar el tabaco, hurgar y limpiar la pipa después de fumar)
  • Escobillas limpiapipas

 

CONSEJOS PARA FUMAR BIEN LA PIPA, por ACHILLE SAVINELLI
  1. Pipa bien limpia y seca.

  2. Cargar el tabaco —bien suelto y al grado apropiado de humedad— a pizcos pequeños: los primeros se depositan en el fondo de la pipa y los demás hay que comprimirlos ligerisimamente. Una buena carga equivale a un buen tiro (y un buen tiro significa evitar bocanadas profundas y por lo tanto que la pipa y la lengua quemen, o que se forme demasiada humedad: veanse los puntos sucesivos).

  3. Encender de modo uniforme por toda la superficie, aspirando con frecuencia pero dulcemente. Usar cerillas de madera o encendedores a gas. Las cerillas de cera “apestan” el tabaco.

  4. Reencender. Es necesario casi siempre, ya que el primer contacto con la llama alza el tabaco. En tal caso hace falta compactarlo (el famoso golpe de pulgar entre dos encendidos; conviene usar el “pigino” [pequeño utensilio metálico, específico para pipas]), nivelar la superficie del tabaco y volver a encender definitivamente.

  5. Fumar con bocanadas lentas, ritmadas, tranquilas, distanciadas. El humo apenas se tiene que ver. Quien está acostumbrado al cigarrillo, tiene que pensar en hacer exactamente el contrario. Bocanadas fuertes y veloces provocan todos los inconvenientes que inducen a abandonar la pipa: calor excesivo, salivación, lengua irritada. El ritmo justo (plácido) de la pipa se adquiere poco a poco. De vez en cuando compactar el tabaco en combustión para reestablecer un tiro óptimo. Si la pipa se apaga, se vuelve a encender, sin mayores problemas.

  6. La ceniza ayuda a  lograr una combustión regular y tranquila; en todo caso, antes de volver a encenderla, se puede eliminar la ceniza que sobresale espontáneamente girando la pipa.

  7. El humo de la pipa no se aspira, no se “traga” (¿dónde acabarían su superioridad sobre el cigarrillo y su menor nocividad?). Se gusta entre el paladar y la nariz. El fumador de pipa no quema tabaco, lo saborea.

  8. Se puede volver a encender varias veces, si bien no conviene obstinarse en fumar el residuo húmedo y compacto que a veces se deposita en el fondo de la pipa. En estos casos es mejor tirarlo que arriesgar una sensación desagradable.

  9. Una vez terminada la fumada, vaciar la pipa sirviéndose del accesorio apropiado usándolo con delicadeza. Eliminar cenizas y residuos de tabaco. No golpear nunca la pipa contra una superficie dura, ni tan siquiera el tacón del zapato.

  10. Soplar enérgicamente por la boquilla, y pasar dos o tres veces el cepillito por toda la pipa. Naturalmente, sin abrirla, operación muy peligrosa cuando la pipa está caliente.

 

PIPA CLUB EL NUS: Curso para fumar en pipa
 

 

 

La elegancia no está en vestir alta costura o fumar una pipa Dunhill

Enlaces a otras páginas sobre la pipa y el tabaco

Clubs de fumadores de pipa

  • Barcelona Pipa-Club    (el mejor)  

  • Club de Amigos de la Pipa de Madrid

  • Pipa Club "Arturo del Pozo"

  • Pipa Club Buenos Aires

  • Cachimbo Clube de Portugal

  • Comunidad de la pipa

  • El mundo de la pipa

  • Fumeurs de pipe 

  • Artesanos españoles (en España de fabrican buenas pipas a buenos precios)

  • Rafa Martín excelente artesano valenciano

  • Pipas Soler

  • Segimon Baulenas

  • Visita sus páginas, elige la pipa que más te guste y en pocos días la tendrás en casa

    Otras páginas sobre la pipa

    • Mundopipa, la página de Pedro Romero, útil y divertida

    Los comienzos de la pipa en España

    Dejando aparte la posible utilización de la pipa en tiempos remotos para consumir hierbas distintas al tabaco, parece ser que la introducción de la pipa moderna data de la época inmediatamente posterior al descubrimiento del tabaco en América. En el siglo XVI, en tabernas y mesones se proporcionaba a los clientes largas pipas de caña. Cuando el tabaco se consumía, el tabernero cortaba la punta de la caña y la pipa quedaba lista para el siguiente cliente. Obviamente, aquella pipas servían solamente para unas pocas fumadas, hasta que la pipa se quemaba o la boquilla fuese demasiado corta.

    A comienzos de siglo XIX se fumaba tabaco en forma de cigarro puro o liado con papel. Aunque por todos es sabido que los españoles trajeron este producto de América, fueron nuestros vecinos del norte los que promovieron una forma más 'chic' de disfrutarlo: la pipa. En una España de fumadores, este pequeño utensilio marcó la diferencia entre la alta sociedad y las clases obreras. Desde entonces, el uso de la pipa ha sido un signo de distinción utilizado sobre todo por la nobleza y los intelectuales.

     

     

      Atrapado en la Red

    Atrapado en la red

    Atrapado en la Red es una recopilación de textos sobre la pipa y el tabaco "pescados" en la red de redes. 

    Cigarros y sexo, para vivir más

    El alto número de ancianos centenarios que viven en Cuba atribuyen su longevidad a evitar el alcohol y al consumo de café, cigarros y al interés en el sexo.

    El descubrimiento es el resultado de un estudio que analizó las vidas de 54 de las casi 100 personas de

    Cubano fumando cigarro.
    Los secretos de la longevidad, según los cubanos.

    cien años o más que viven en la provincia de Villa Clara.

    Más de 60% de ellos tenían padres que también habían superado la barrera de los 100 años.

    Cuba, que tiene una población de 11,2 millones de habitantes, cuenta con alrededor de 3.000 personas mayores de 100 años.

    Según el periódico Juventud Rebelde, los resultados del estudio fueron publicados en un taller de trabajo social en el pueblo de Santa Clara.

    En el estudio, se descubrió que las vidas de los ancianos centenarios eran disciplinadas pero no austeras.

    Buena vida

    Ninguno de ellos es alcohólico, y afirma consumir café y cigarros en grandes cantidades.

    Además, tenían un interés saludable en varias áreas, incluyendo el sexo, dijo la doctora Nancy Nepomuceno, quien llevó a cabo el estudio.

    La mayoría de los centenarios estaban mentalmente lúcidos, con un buen estilo de vida y realizaban labores manuales en áreas rurales.

    Casi todos se alimentaban con una dieta que incluía pescado, huevos, leche, pan blanco y vegetales, cocinados con poca sal y condimentos naturales.

    La expectativa de vida en Cuba es de 76 años, pero en la provincia de Villa Clara, donde se llevó a cabo el estudio, es de 78 años.

    El derecho a fumar                          

    José Meléndez

    E N la primera mitad del siglo pasado, decía Wenceslao Fernández Flores que el pueblo español se dividíaen dos mitades: los que vendían lotería y los que la compraban. El gran escritor gallego hacía así, con la gracia de su verbo y la sutileza de su intención, una definición simplista de la sociedad en aquellos años oscuros en los que el máximo sueño de un español era que le tocase la lotería, en un ejercicio de resignada pasividad, paliada con la esperanza de un golpe de fortuna que nunca llegaba. Para los partidariosde generalizar cualquier tema y dividirlo en dos bandos, esta era, posiblemente, la única definición posible, porque por aquellos años las banderías políticas eran numerosas y fumaba todo el mundo, los primeros los médicos. Eran los tiempos en los que ningún galán de cine se preciaba de serlo si no lanzaba al techo densas columnas de humo y ninguna actriz se consideraba seductora si no jugueteaba con una larga boquilla y un cigarrillo en la punta, ni ningún adolescente se consideraba hombre si no tenía señales de nicotina en sus dedos.

    Ahora han variado los tiempos y, aunque la gente sigue tentando al azar, posiblemente con más entusiasmo y contumacia que antes, esa actitud pasiva ha cambiado con un evidente beneficio para nuestro tejido productivo. Y ahora, Fernández Flores podría dividir España en otros dos bandos: los que fuman y los que no fuman. Es una división cada vez más desigual, porque el segundo bando está fagocitando al primero a pasos agigantados, empleando para ello todas las estrategias posibles, que no se corresponden con los derechos porque estos parecen ser, cada vez más, de uso exclusivo de los no fumadores. El bando de los contrarios al tabaco cuenta con un sinfín de informes médicos, que en la mayoría de los casos nadie se ha molestado en verificar, la bendición de la Organización Mundial de la Salud, experta en la predicción de catástrofes que no sabe como atajar, una Liga Antitabaco que despliega una actividad frenética y, sobre todo, con un entramado de leyes que les favorecen y protegen en sus derechos, aunque ignoren los derechos de los fumadores.

    Como colofón de todas las disposiciones ya vigentes, que arrinconan a los fumadores en lazaretos y pretenden convertir en un acto vergonzoso lo que es una decisión libre de cada individuo, se anuncia ahora una Ley Antitabaco, que está en trámite parlamentario y entrará en vigor el próximo 1 de enero, que, según la opinión de expertos juristas y de los sindicatos –los sindicatos, perejil de todas las salsas, siempre tienen que dar fe de vida en cada problema haciéndolo más intrincado-, va a impedir fumar hasta en el domicilio propio.

    Cuando mi padre me dio el primer pescozón por pillarme con un pitillo en la boca, tenía yo catorce años. No me lo dio por el hecho de fumar –él fue un gran fumador- sino por considerarme demasiado joven para empezar con el vicio. Y desde entonces, hasta ahora, no he dejado de fumar, con el paréntesis de dos años que me sirvieron para limpiar mis pulmones y condenar los cigarrillos y los puros, cambiándolos por la pipa, con la que juego a quemar el tabaco mientras escribo, leo, pienso o disfruto de una amena conversación de sobremesa, sin inhalar ese humo tan denostado ahora. Se dice que el periodista sobrelleva su dura y hermosa profesión en la que la actualidad avasalla y el reloj se convierte en una tortura, por tres soportes al parecer imprescindibles: la copa, el café y el tabaco. Naturalmente, es una exageración. Yo apenas bebo, pero el humo a mi alrededor y el café es indudable que me entonan y parecen facilitar mi tarea. Pues bien, según esa anunciada ley no se me va a permitir disfrutar del ayuntamiento de dos placeres que, para mí, son importantes, como el escribir y el fumar ni en mi propia casa, so pena que para ello tenga que fregarme también los suelos, lavar los platos y hacerme la comida, ya que vivo solo y no puedo tener una ayuda doméstica porque esa ayuda tiene todos los derechos que le conceden la ley y la campaña contra el tabaco y puede alegar que le molesta el humo de mi pipa. Por tanto, si quiero fumar tengo que fregar, sin que pueda reclamar ningún derecho a hacer lo que quiera en mi domicilio.

    Cualquier político del signo que sea, invoca por lo menos una vez al día el Estado de derecho. Desde que disfrutamos de la democracia, estamos rodeados de derechos, afortunadamente, porque los derechos salvaguardan la convivencia en una sociedad civilizada. El problema no esta ahí, sino en la forma en que esos derechos se aplican y como se respetan y, desgraciadamente, tenemos abundantes ejemplos en estos convulsos tiempos políticos de que ese respeto es desigual. Si hemos de asistir, atónitos e impotentes, al espectáculo casi diario de ver como los que viven al margen de la ley y conculcan los derechos de los ciudadanos con el engaño, la extorsión o el asesinato, invocan precisamente –y casi siempre con éxito- en beneficio propio esos derechos que pisotean, ¿por qué no vamos los fumadores a reclamar nuestros derechos, que son legítimos?. En una sociedad que concede a la mujer el derecho a matar el feto no deseado, ¿por qué no puede el fumador tener el derecho a hacer con su salud lo que quiera?. Ese derecho se le niega. Y hay otros agravios comparativos. El alcohol tiene bien probada su capacidad para destruir al individuo que abusa de él. Y su consumo tiene consecuencias negativas en la conducta social y el entorno familiar, que también afectan a terceros. Pero la legislación al respecto es mucho más suave que la que condena al fumador a salir a los espacios libres, donde nadie le vea, si quiere fumarse un cigarrillo. La asunción del riesgo es potestativa de cada individuo y el fumador gusta refugiarse en la idea de que se ha exagerado ese riesgo, ya que si como dicen el tabaco conduce a una muerte cierta, habría terminado con la humanidad desde que Rodrigo de Jerez trajo de América esa planta exótica en los tiempos de los Conquistadores, aunque los ingleses le conceden ese honor a Walter Raleigh. Rodrigo de Jerez terminó en la cárcel por ello y a Walter Raleigh le dieron el título de sir. Dos formas distintas de enfocar el mismo problema.

    La campaña antitabaco ha introducido con éxito, en apoyo de sus pretensiones, la figura un tanto difusa del fumador pasivo que merced a una tenacidad encomiable y al uso continuado de unas consideraciones médicas cuyo rigor científico está sujeto a polémica, es el soporte principal para justificar la salvaguarda de unos derechos que prevalecen sobre los del fumador activo. Me parece muy bien, pero a los fumadores no se les puede borrar del mapa aduciendo los derechos de los que no fuman. Que se les habiliten espacios adecuados en los centros públicos y de trabajo, como ha venido sucediendo hasta ahora y existen en casi todos los países civilizados y que no se fomente la discriminación por ley. Ahora, hay conversaciones entre empresarios y sindicatos para examinar este problema, porque el fumar puede llegar a ser causa de despido y porque las empresas benevolentes pueden ser denunciadas por los irreductibles antitabaquistas, arriesgándose a fuertes multas. Las empresas se inclinan por facilitar a sus empleados lugares acotados, pero el rigor de la ley no se lo permite.

    Cuando la legislación se convierte en paternalista, alardeando de cuidar por el bienestar de los legislados, estamos en los peldaños del estado totalitario que les dice a los ciudadanos lo que está bien y lo que está mal y lo que tienen que hacer o lo que está prohibido. Yo, desde luego, no estoy dispuesto a dejar mi pipa ni a mantenerla a costa de fregar los suelos de mi casa. Y algo tendremos que hacer los fumadores para que se nos escuche.

    Una vida en humo

    Tengo 66 años, y fumo desde los 18, casi medio siglo de tabaco. Estoy en buena salud y en plena actividad. Puedo esperar vivir otros diez o quince años, por supuesto fumando mientras pueda hacerlo. Fumo porque quiero hacerlo, porque es parte de mi cultura y de mi identidad. Porque leo y escribo fumando, tomando café y escuchando música, y paso así la mayor parte del día, ocioso y productivo a la vez. Porque esta es mi vida y mi cuerpo. Porque el libro, el papel en blanco, el tabaco, el café, la música y ahora también la computadora hacen de mí quien soy.

    “¿Y después de los ochenta?” Eso me dice el señor con el dedito levantado. Después de los ochenta la pálida y demacrada cosechadora nos irá bajando uno después de otro, hasta que no quede ninguno. Ricos y pobres, tontos e inteligentes, santos y pecadores, fumadores y no fumadores, y hasta los señores con el dedito levantado. Vivir conduce a la muerte, pero lo hace lentamente y mientras tanto… qué maravilla amigos, vivir intensamente, gastar esta llamita que somos como se debe, produciendo una luz intensa y firme.

    “¡Qué escándalo!”, insiste el del dedito. “Una vida de disipación y todavía se muestra orgulloso”. Es significativo que este tipo de moralista use como sinónimo de vicio el verbo “disipar”, que significa “Desperdiciar, malgastar la hacienda u otra cosa”, “desvanecerse, quedarse en nada”, pero también “evaporarse, resolverse en vapores” como el humo del tabaco, precisamente. La suya es una filosofía del ahorro y del atesoramiento; gastar es pecado, retener es virtud. Esta clase de personas hace bien en no fumar; si lo hiciera se negaría a expeler el humo, y terminaría reventando como un sapo.

    Cuando de vivir se trata gastar es tener; el beso dado, la palabra regalada, la energía consumida enriquecen y no empobrecen. Nada enriquece más que gastar sin esperar contrapartidas, sin llevar contabilidades de entradas y salidas. El bien donado se disipa como el humo del tabaco, pero nos enriquece porque enriquece la red de humanas conexiones en la que vivimos. En todo caso es esta red la que nos da la esperanza de vencer a la muerte, de seguir viviendo en los otros. Cuando hayamos dejado de vivir nuestros dones quedarán, mientras que el cuerpo que el salutista ha cultivado morirá con él. La mortaja no tiene bolsillos, pero tampoco tiene espejos.

    Hallan la causa por la que el tabaco protege del Parkinson
    El tabaquismo ofrece cierta protección frente al desarrollo de Parkinson a través de una interacción entre genes y un compuesto del humo del tabaco que ha sido identificado por investigadores de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Queensland, en Australia.
     

    El equipo de Yifu Deng ha estudiado la interrelación entre genes, tabaquismo y desarrollo de Parkinson en 400 sujetos con la enfermedad y un grupo idéntico de controles. En concreto, se centraron en la presencia del gen cyp2d6, que previamente se había asociado al metabolismo de compuestos químicos del humo del tabaco.

    "Los fumadores con la variante del gen que metaboliza el humo más rápidamente estaban menos protegidos frente al Parkinson que aquéllos con la variante que lo metaboliza más despacio. "Parece que el compuesto químico se queda más tiempo en el organismo y, desde allí, ofrece un efecto profiláctico", han sugerido.

    Sin efecto
    Por su parte, los no fumadores que incorporan el gen no consiguen ningún efecto beneficioso frente al Parkinson.

    Pese a este hallazgo, Deng confirma que sigue habiendo gran cantidad de fumadores que desarrollan Parkinson. "Nuestro estudio aporta datos que ayudarán a ahondar en las causas del Parkinson y permitirán identificar a los sujetos con más riesgo de la enfermedad".

    Descubren que la nicotina puede combatir la depresión
    La sustancia causante de la adicción entre los fumadores puede usarse para combatir la depresión, según estudios realizados en el Instituto de Fisiología Celular y la Clínica de Trastornos del Sueño

    Leonardo Huerta Mendoza.              Publicado en El Universal (México).  Jueves 23 de febrero de 2006

    Luego de llevar a cabo diversos estudios que incluyeron experimentos con el sueño MOR (Movimientos Oculares Rápidos), investigadores del Instituto de Fisiología Celular encontraron que la nicotina, responsable de la adicción al tabaco, puede ser una alternativa en los tratamientos contra la depresión, una enfermedad siquiátrica ("tormenta de tinieblas" la llama el escritor estadounidense William Styron) que afecta a millones de personas en el mundo.

    Al trabajar con pacientes depresivos y con fumadores que buscaban ayuda contra su adicción, los especialistas universitarios confirmaron lo que durante años se había sospechado: que la nicotina puede actuar como un eficaz antidepresivo y que muchos fumadores son depresivos encubiertos.

    A dosis relativamente bajas y administradas mediante un sistema de liberación lenta (parches), la nicotina resultaría benéfica en pacientes depresivos.

    "Esto no significa que la nicotina le sirva a todas las personas, ni que todos los pacientes sean sujetos de este beneficio, ni que todos los fumadores sean depresivos", aclara René Drucker Colín, quien encabezó la investigación.

    Los primeros experimentos

    Como el sueño se altera con la depresión, los científicos estaban interesados en ver cómo influye la nicotina en el sueño de los animales y crear un modelo para estudiar las diferencias con respecto al de los seres humanos.

    Sin embargo, observaron que, al colocar los parches de nicotina en gatos, desaparecían de éstos las ondas Ponto Genículo Occipitales (PGO), las cuales se registran en la parte lateral del tallo cerebral durante el sueño MOR, y que, al retirarlos, inmediatamente aparecían.

    Como no pudieron comprender la razón de esto, efectuaron algunos experimentos en ratas, dado que en el Núcleo Dorsal del Raphé (NDR), una estructura ubicada en la parte central del tallo cerebral, se produce la mayor cantidad de serotonina. En ellos participó el doctor Stefan Mihailescu.

    "En el NDR -dice Drucker Colín- hay también receptores nicotínicos que reconocen la nicotina y la capturan, estimulándolo para que induzca la liberación de serotonina. Como se sabía que la actividad del NDR inhibía las PGO, entendimos la razón de que, al aplicar nicotina, aquéllas desaparecieran."

    Parches transdérmicos

    El equipo llegó así a la conclusión de que el sistema serotoninérgico está involucrado en algunas de las características finas del sueño.

    Debido a que determinados aspectos del sueño MOR se alteran en los pacientes con depresión, decidieron estudiar los efectos de la nicotina en ellos.

    El primer estudio se hizo con seis pacientes con depresión mayor no fumadores, con una calificación alta en la escala de Hamilton (la prueba más aceptada por los siquiatras) y seis voluntarios normales no fumadores. Durante cuatro noches les aplicaron parches transdérmicos de 17.5 miligramos de nicotina, y una noche les retiraron el parche.

    "El sueño MOR (es decir, la fase onírica del sueño, cuando la gente sueña) se incrementó en los dos grupos, incluso durante la noche en que se les retiró el parche, y al mismo tiempo la escala de Hamilton mostró una reducción de 44% en los pacientes depresivos, lo que sugiere que la nicotina tuvo un efecto antidepresivo", explica el especialista.

    Este estudio fue de corta duración (sólo cuatro días). Por eso, los investigadores hicieron otro con 14 pacientes depresivos no fumadores, que duró dos años. En éste participó el doctor Reyes Haro Valencia.

    "En los primeros seis meses les aplicamos el parche cinco días a la semana; en el séptimo mes, tres veces a la semana; y en el octavo y noveno sólo una vez a la semana. A partir del décimo mes sustituimos la nicotina por un placebo (periodo de abstinencia)."

    Durante todo el estudio se monitoreó el estado de ánimo y el sueño de los pacientes.

    "La nicotina les redujo significativamente la depresión; incluso, cuando se les retiró, ésta no apareció. Un dato importante fue que la latencia al sueño MOR, la cual se encuentra acortada en pacientes depresivos en alrededor de 30 minutos, casi se normalizó, pues alcanzó una duración de unos 90 minutos", recuerda Drucker Colín.

    Se demostró así que la nicotina tiene efectos antidepresivos importantes.

    Depresivos encubiertos

    Como consecuencia de este estudio se hizo otro que duró un año. Ana Moreno, estudiante de doctorado, se encargó de conseguir a 85 fumadores adictos a la nicotina que habían acudido a la Clínica del Tabaquismo, del Instituto Nacional de Enfermedades Respíratorias, porque deseaban dejar de fumar.

    "Queríamos ver si estos pacientes eran depresivos encubiertos", apunta Drucker Colín.

    Quince de ellos parecían tener una depresión encubierta, y se sometieron al proceso de dejar de fumar. Posteriormente se les midió el grado de depresión mediante la escala de Hamilton y se estudió su sueño en general.

    "Antes del tratamiento tenían una latencia al sueño MOR similar a la normal. Al superar su adicción a la nicotina, presentaron un acortamiento de esa latencia, como los depresivos. Y al aplicarles la escala de Hamilton, su calificación aumentó. Esto demostró que al fumar se automedicaban inconscientemente contra la depresión. Eran depresivos encubiertos por la nicotina."

    Drucker Colín reconoce que hacen falta más estudios antes de utilizar los parches de nicotina como un tratamiento terapéutico contra la depresión.

    "Pero ahí están los resultados de nuestra investigación, que, creo, son interesantes."

    Mohedano:" La Ley del tabaco es autoritaria, abusiva y contraria a las libertades"
    La ley contra el tabaco es 'autoritaria, abusiva y contraria a las libertades, y no se aparta un milímetro de la demagogia y el efectismo implícitos en las cruzadas contra el tabaco', afirmó hoy el prestigioso abogado José María Mohedano, ex diputado socialista y socio fundador del Club de Fumadores por la Tolerancia.

    Mohedano hizo estas afirmaciones en la presentación de su libro, '¿Quién defiende al fumador?', y en relación con el decreto que prepara la Comunidad de Madrid para desarrollar esta ley, declaró que sirve para romper la unanimidad de la aprobación de la norma.

    El autor del libro instó a la ministra de Sanidad, Elena Salgado, a 'que vaya más lejos' y se atreva a declarar ilegal el tabaco; aunque para Mohedano el furor antitabaco 'perecerá'.

    Asimismo, animó a 'sacar del armario' a esos políticos que arremeten contra el tabaco y luego fuman a escondidas, y agregó que la caza de brujas contra los fumadores tiene muchas ventajas para la política 'retórica y mediática' que nos rodea, y apenas inconvenientes.

    Mohedano aseguró que la ley antitabaco 'demoniza a los fumadores' a los que recluye en guetos y defendió que este libro no es sólo un toque de atención contra ese 'fundamentalismo' social desatado contra el uso del tabaco, sino que es también un alegato a favor de la tolerancia y del libre albedrío.

    Por último, añadió que el libro defiende el derecho de la sociedad a regular por sí mismo los comportamientos, sin la intervención omnipresente y opresora del Estado.

    Reflexiones sobre la pipa en la actualidad

    ¿Es mi imaginación o puede ser posible que el fumar en pipa esté ganando popularidad?

    En estos días en los que el uso del tabaco está tan mal visto socialmente. ¿Pudiera ser que el fumar en pipa estuviera experimentado un posible aumento? Mi sensación es que sí. Hay algunas razones para que pudiera estar dándose esta circunstancia:

     

    En los 90 se vivió un alza rápida y enorme del cigarrillo. Muchos de aquellos que se acercaban al tabaco por primera vez fumando cigarrillos, están recurriendo ahora a la pipa. Miran hacia la pipa después de rechazar el pitillo por numerosas razones; lo vertiginosamente que se ha disparado su precio en algo más de una década, la mala calidad que se le atribuye, etc…

     

    El conjunto de un buen tabaco, una pipa y el humo que surge de la cazoleta y que envuelve, casi mágicamente, los queridos recuerdos en la mayoría de las personas, incluso aquellos que están en contra del hábito de fumar, que tienen recuerdos de familiares o situaciones que les son entrañables y en las que hay escenas del abuelo, padre,… que disfrutaban de una pipa. ¿Cuántas veces hemos escuchado a alguien que, próximo a nosotros mientras fumamos una pipa, recuerda el olor del tabaco y la imagen de su abuelo saboreando su cachimba? 

     

    - Fumar en pipa es económico. Incluso si fumamos una mezcla ‘muy fina’ de tabaco, el costo será inferior que lo que supone el presupuesto, digamos mensual, de un fumador de cigarrillos.

     

    - Fumar una pipa conlleva un ‘ritual’ que produce una agradable relajación y un estado de tranquilidad, reflexión. Dista mucho del gesto automático o compulsivo de encender un pitillo.

     

    - Actualmente hay una gran variedad de tabacos entre los que escoger.

    Tenemos la posibilidad, con cierta habilidad de combinar varios tabacos y lograr una mezcla propia, tener un tabaco de pipa personalizado a nuestro paladar. Totalmente impensable en un cigarrillo.

     

    - La variedad de pipas, calidad-formas-materiales- disponibles hoy en día es increíble. Las posibilidades son ahora mismo limitadas solamente por el desembolso económico que pueda/quiera hacerse.

     

    - Internet se ha convertido en un aliado impresionante. Todos nos hemos topado con el impedimento de que un comercio próximo cierre sus puertas, no tenga una línea demasiado amplia de tabacos, no hayamos podido viajar a tal o cual sitio donde aprovechar para hacer unas compras, etc. La Red contiene un sin fin de comercios abiertos, de par en par para el fumador de tabaco de pipa. Y además del tabaco, podemos acceder a pipas y artículos de fumador que probablemente, hasta hace unos años eran inalcanzables. 

    Ahora solo tienes que pulsar unas teclas para poder disponer de una pipa, entregada en casa, de artesanos o fabricantes de cualquier parte del mundo e igualmente con casi cualquier mezcla de tabaco que exista.

     

    - Muchos fumadores de cigarrillos están dando el salto al mundo de la pipa, porque lo consideran ‘menos malo’ que su forma anterior de fumar.

     

    - La pipa en inseparable de la buena charla, la relación social y prueba de ello es que ha dado origen a muchas sociedades de pipa-fumadores que comparten conocimientos sobre tabaco, pipas y sobre todo sobre sus propias experiencias piperiles. Lugares donde simplemente el gesto de encender una pipa ya hace, que por ser nuevos en la plaza, no seamos extraños.

     

    Buenos Humos a todos.

    Pedro Romero-Auyanet.

    MONCHO ALPUENTE

    EL PAÍS - 11-01-2006

    El retrato institucional de la presidenta Salgado, con una dedicatoria personalizada: "Al coronel Mengelet, abanderado de las libertades sanitarias y defensor de la Salud Pública, con cariño y admiración de su discípula, Elena", preside el despacho del jefe supremo de la PSE, Policía Sanitaria del Estado, ubicado en un edificio inteligente de la Puerta del Sol. José Antonio Mengelet de la Cueva, médico y psicópata rehabilitado de las SS (Seguridad Social), es el padre, reconocido, del fundamentalismo sanitario que en los albores del siglo XXI libró con éxito una vasta operación de "limpieza médica" con el apoyo de la ministra de Sanidad. Tras el fulgurante éxito, sobre todo en el aspecto recaudatorio, de la ley antitabáquica de 2006, la ministra Salgado, con la asesoría de su maestro y colaborador, el doctor Mengelet, puso en marcha nuevas leyes que impusieron severas restricciones a la venta y consumo de alcohol, café y alimentos altos en colesterol, leyes muy polémicas durante los primeros meses de su aplicación pero que no tardarían en ser aceptadas y celebradas por la ciudadanía, como quedó demostrado con el arrollador triunfo electoral de la ministra como cabeza de lista del PSOE en los últimos comicios. Una de las primeras medidas de la nueva presidenta fue crear, como había prometido en campaña, el cuerpo incorrupto de la Policía Sanitaria del Estado, encargado de velar por la salud física y mental de las ciudadanas y ciudadanos, a cuyo frente puso a su mentor, Mengelet, con el rango de coronel.

    Las navidades son una mala época para los luchadores sanitarios, las viejas e insalubres tradiciones afloran de nuevo e incluso ciudadanas y ciudadanos de comportamiento ejemplar durante el resto del año echan una canita al aire despreocupadamente. Si Mengelet pudiera prohibiría las navidades, pero las encuestas indican que la sociedad española todavía no está preparada para digerir una medida tan radical, sobre todo cuando aún no se han asumido totalmente las nuevas leyes antialcohol y antiobesidad. Los controles policiales de obesidad con básculas en la calle y multas por cada kilo de más, según las tablas de relación estatura-peso, siguen siendo muy impopulares. El coronel Mengelet hojea en estos momentos el desolador informe sobre los últimos excesos navideños en Madrid, ciudad piloto de todos los proyectos saludables.

    La obesidad detectada en los controles ha aumentado este año un 7% (2.523 kilos), y las denuncias por posesión de tabaco y alcohol se han duplicado. Del 20 de diciembre al 6 de enero, los agentes de la PSE clausuraron 17 establecimientos, bares y cafeterías, en los que se servía café sin descafeinar, a veces con leche entera. En otros siete locales, también cerrados y cuyos propietarios pasaron a disposición judicial, se detectó la venta y el consumo de cerveza con alcohol. Como dato positivo, el coronel subraya la desarticulación de una red internacional de traficantes de colesterol a los que se les incautó un alijo de 1500 kilos de embutido, elaborado en Hungría con las denominaciones de jamón ibérico, chorizo de Cantimpalos y salchichón de Vic.

    No todo está tan mal, el coronel cierra el informe y abre la pantalla del ordenador donde residen, aún en embrión, esperando que les fecunde con su ingenio, nuevos proyectos. La normativa con rango de decreto sobre la prohibición de comerse las uñas está casi ultimada y será aprobada sin grandes problemas, todo el mundo está de acuerdo en que se trata de una costumbre poco higiénica, antiestética e improductiva, que debe ser desterrada. El tema del collarín sanitario obligatorio que cambia de color según el estado de salud del usuario, seguramente también saldrá adelante, gracias al apoyo de la todopoderosa FEH, Federación Española de Hipocondriacos, que cuenta con dos millones de afiliados. Para su plan-estrella el camino es más arduo, la prohibición del chupete aún está en pañales, pero hay que atajar los males de raíz y el chupete es la raíz de todas las adicciones.

    Reafirmado una vez más en sus principios, Mengelet se toma un respiro y contempla desde su atalaya a los felices y saludables ciudadanos que, convenientemente protegidos por sus máscaras obligatorias, pasan por la Puerta del Sol, envueltos en un humo que no es de tabaco, ni de vicio, sino de progreso.

    Fumar es un placer


    BENITO PAREDES MARTÍNEZ
    Genial, sensual..., así cantaban nuestras damas del tango, a la espera del amante de turno... tras los cristales, dejándose llevar del humo embriagador. El fumar era entonces un placer y, también, un vicio democrático -de derechas y de izquierdas-, a cuyo tren de vida se accedía apenas llegabas a mayor: una manera de confirmarse como hombre y, en menor escala, como mujer. Eran tiempos de los Ideales y los Caldos de gallina bien liados con el librillo del papel de bambú. Tiempos eran también de lucir encendedores de marca, los mecheros con piedra y rueda o los chisqueros tradicionales de los aprendices de Trubia. Las vainas de balas para algo tenían que servir. Y hasta había finolis que se te acercaban pidiendo «incinérame el cilindrín». Eran los tiempos de la «edad del pavo», cuando, con dos pavos en el bolsillo, te podías permitir «pelar la pava» todo el domingo. Pero ésas son otras historias.

    Fumar es un placerLa historia real o verdadera se remonta hasta Colón, cuando un 28 de octubre de 1492 a Colón le cuentan sus expedicionarios que los indios poseen el «diabólico poder de echar humos por la boca y la nariz». Aunque ya llevaran los indios más de 2.000 años quemando esa olorosa planta por México y el Perú, desde aquel día ya nos consta que Colón no sólo descubriera el Nuevo Mundo, sino también el tabaco, el canuto, el puro, la cachimba y la pipa. Aún hoy día se dice que «...estás más quemado que la pipa de un indio».

    Pronto esta «hierba santa» sería conocida por Europa para placer del pueblo llano, o para alivio infalible de las migrañas de la nobleza. Más de 36 enfermedades (de las conocidas en 1574) tenían su cura con los milagrosos efluvios de tal planta aromática. Perseguida por la Inquisición, el papa Urbano VIII, por el 1624, castigaría a los fumadores con la excomunión, hasta que, un siglo más tarde, otro papa -el Benedicto XIII, fumador él empedernido, que nada tuvo que ver con nuestro Papa Luna- levantó la excomunión en 1725, liberando a los sibaritas del humo de tamañas penas eternas.

    Al día de hoy todavía para algunos esta «hierba del diablo» -que tanto placer ha aportado a la humanidad- les sigue oliendo «a cuerno quemado», «empurando» a cuantos se les pongan por delante. ¡Otra vuelta de tuerca! Pero dicen que los viejos fumadores nunca mueren... siempre «se esfuman», como Mark Twain, quien aseveraba que el «dejar de fumar es muy fácil, pues ya lo había dejado muchas veces». Sabio con humor -y entendido en humos-, tenía una regla de oro en materia de puros, «sólo fumar uno... de cada vez».

    Y es que a los 12 millones de fumadores de nuestra Hispania, rechazados socialmente, incivilmente marginados y proscritos de la sociedad, cual si de leprosos o enemigos de la convivencia se tratara, de la noche a la mañana se les ha convertido en apestados ciudadanos... si no en peligrosos delincuentes a «fumigar». Para el fumador, es éste un placer más añadido: al sabor del buen tabaco o de un buen puro se le suma ahora el sabor de lo prohibido. ¡Chitón, que viene la Inquisición!

    No se valora el poder, el valor y el saber del tabaco: si para unos es placer a secas, relax de degustación, relajante de tensiones y ansiedades en las largas esperas, para otros, artistas, intelectuales y artesanos, el tabaco es estimulante y creativo en los trabajos que precisan concentración. En el «apurado pitillo», con cenicientas pavesas sobre el mantel, radica muchas veces la chispa de la vida y la gracia en la conversación.

    Se dijo aquello de «café para todos», pero ¿por qué no el triunvirato «café, copa y puro», que es justo colofón de cualquier sobremesa que se precie de tal? Entre los deportes del humo se cuentan el «fumar en pipa» degustando los mejores caldos entre volutas de placer o, delante de un carajillo o una taza de café-café, encender un buen cigarro viendo ascender su blanco humo en columnas salomónicas del mejor Barroco. Hay quien «fuma de boquilla», otros lo hacen «de farias a brevas» y, de vez en cuando, un «caliqueño». De lo que se trata es de no fumar como un carretero, como un cosaco o como un paracuellero Carrillo, que dicen fumar como descosidos. Ésos, adoradores de la Diva Nicotina, sí que necesitan recintos cerrados, cuevas ciegas, narcosalas o fumaderos bien «estancos», para que puedan «fumar como murciélagos», envueltos en la noche de sus nubes. Para el resto, ¡libertad, que fumar es un placer!

    No hace mucho ya lo dijo el ministro de Defensa italiano en «Il Corriere de la Sera»: «Cayó el nazismo y el fascismo, y ha caído el comunismo, pero los enemigos de la libertad siguen ahí y han empezado a buscar venganza en otros sectores». ¿Enjaular la libertad? Tendrán que «tragarse sus malos humos» y su «infumable» ley liberticida, propia de una ministra de cuota. Ya se sabe que «las cigarras no fuman», si les faltan los cigarros.

    Esperemos que el «botafumeiro» del Patrón purifique sus bajos humos, si aún la ley le permite su balanceo. Los Pieles Rojas que aún fumamos intentaremos compartir nuestro «calumet sagrado de la pipa de la paz». ¡Fumar es un placer; pero... convivir, una necesidad!

    Benito Paredes Martínez es ingeniero técnico industrial

     

     

    El sexo, la raza, la edad, no importan.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    La pipa forma parte de la literatura, el cine  y el arte

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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    Una pipa puede ser en sí misma una obra de arte

     

     

     

     

     

     

    La inteligencia y la pipa suelen ir unidas. A veces, también la belleza, aunque no siempre.

    Fumadora de pipa

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Con Rafa Martín, en su estanco de Valencia. Siempre que viajo a Valencia, me doy una vuelta por el taller de Rafa, fumamos una pipa, hablamos de pipas y de lo que salga, y , casi siempre, me traigo a casa una de sus magníficas creaciones.

    RRafa y Rafeta, enseñándome una pipa muy especial para mí, que me trajeron desde Italia.

     

     

     

     

     

     

     

     

      

     

    Todas las culturas, todas las civilizaciones, han fumado en pipa

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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